miércoles, 27 de enero de 2010

La China

Supongo que la idea era que se llame Soledad, error del registro le pusieron Solidea. Le decían la China. Se casó con Rodolfo. Tuvieron cuatro hijos. Mi papa Rodolfo Omar. Vinieron después Osvaldo, Ruben y Mirtita. La nena, esperada con ansia después de tres varones.
De piel muy blanca y ojos claros. Las manos rugosas y arrugadas, con pliegues de los años, y muchos lunares. Igual que mi papá.
Bajita. Anteojos grandes. Servicial hasta el extremo. La mesa se llenaba de ofrendas a la visita. Mates dulces. Queso y dulce.
Madre abnegada. Una pata con sus patitos.  Orgullosa de cada uno de sus hijos, de sus nueras, de sus nietos, de cada logro que alguno de ellos consiguieran, espiritual y económico. Alegre e inquieta,  de risa fácil. Amante de los tangos, sobre todo de los que sus hijos cantaban. Cada domingo le tocaba en la casa de un hijo  diferente, celosos de su presencia su visita era  seguida con interés. Todos deseaban su presencia. Cuando venia a casa, traía Shimmy (una especia de Sprite) y caramelos Lipo redondos de Menta, aunque papá protestase porque nos podíamos ahogar. Ella no creía que pudiera pasar, pero condescendiente los partía en dos. Disfrutaba de la comida, de ser agasajada: "Nunca como tanto,  lo que pasa es que vos lo haces tan rico!!! repetía cada domingo en casa. "Tanto trabajo para prepararlo  y se come en un minutito". Sencilla. Cariñosa. Querida.
La reina de su hogar, su alegría contagiaba a sus hijos y los unía desde el profundo amor que cosecho en cada uno de ellos. Hermosa risa, sonora. Nadie estaba dispuesto a generarle una tristeza.
Atesoro el recuerdo de mi papa en relación a ella. Una relación franca, graciosa, papá protestaba, vengo por una ratito se quejaba, pero todo el arsenal se ponía en esa mesa, junto con el mate, el agua, pan, mermelada, ciruela, las uvas de la parra que preparaba para llevar.Contaba infinidad de historias y dolores, atragantándose con sus palabras, desde sus cuentos repetía,  no te vayas, quedate, contame, dejame que te atienda. Sin reproches.
Quedó viuda joven. Siempre vivió sola. Tenía algunos temores infundados, otros reales que afronto con valentía. Era ingenuamente graciosa. Los médicos la atemorizaban. Su patio era el lugar indicado para pasar las fiestas de fin de año, para Navidad le daba a cada uno de sus once nietos una bolsita con caramelos y otras golosinas. No le daba el bolsillo. A la entrada de su living tenia una  maceta enorme, con una planta que no puedo recordar que era, nunca mire hacia arriba, pero alrededor del tallo estaba repleta de caracoles de mar que siempre, cada verano le traíamos sus nietos.
Anécdotas a montones la describen, de política nada. Votó a Manrique por cariño, un radical por dos de sus hijos, y un peronista por el otro, mi papá suele decir que el presidente de mesa pudo hacer quedado impresionado.Lo hizo por una rara sensación de armonía que no la abandonaba ni siquiera en el cuarto oscuro.
Cuando una nana la afectaba se metía en su cama y nos contaba todos los chusmerios que la tele le contaba.
Vivió siempre en una casa vieja,  de paredones altos donde me trepaba en mi niñez con mis primos, una casa chica  cuadrada con tres puertas , la del frente, la de la cocina y la del lavadero. Un fondo lleno de malvones y montones de viejas herramientas un poco oxidadas por el tiempo.
Le encantaban las flores aunque su olfato se había atrofiado y no sentía. Bien de ella, aun así le encantaba llenar su hogar de ricos aromas.



Dedicada en especial  a mi papa y a mi padrino.

3 comentarios:

caro dijo...

Lindisimo Sil!! Me emocionan las descripciones de los abuelos. Esta : IMPECABLE!!!

vivien dijo...

La abuela era así, tal como la describiste. Risueña, cariñosa, siempre lista a un abrazo o a un chancletazo a quien la pasara en altura. Como la extraño!!!!

No tan culpable dijo...

O sea a todos!!! Yo tambien la extraño!