viernes, 25 de mayo de 2012

Pizza rellena


Tengo una amiga cocinera que se fue a Bariloche. Mas que una amiga. No porque sea mas que una amiga sino porque es una escarlata. Porque es cocinera ella escribiría una historia y una receta. Está entre uno de sus proyectos. No es de los míos.Hoy sí.
Ayer le decía a otra amiga, que es mas que una amiga porque es una hermana, y también es una escarlata, que me explota el pecho de ganas de contar no se qué. Lo tengo hinchado. No, no son las tetas.
Es adentro y solo lo siento yo.
Pero no se por donde empezar y entonces no va que no empiezo. Y se me hincha mas. En este momento dejaría todo sin terminar porque no se con que seguir. Pero voy a intentarlo.
Podría contar que mi vieja esta enferma. Y duele el alma,  pero cada dos por tres sale el sol. Y que a veces ese sol es distinto porque me calienta para muchos días. Que lo miro, lo miro y lo guardo. Y sonrío por adentro, entera, con todo el cuerpo. Aunque a veces me suba al auto y la tristeza me quiebre.
 Me siento adulta. Igual ese sol que me junto me ayuda a seguir. Aunque tenga miedo.
También quiero contar de sus manos frágiles y hermosas.  Que a veces las caliento con las mías. Y ella se queda. Después me recuesto en su cuerpo y al recostarme en ella me siento feliz.
También quiero contarles de la pizza. Una pizza que cualquiera que haya comido,  la puede reconocer. La hacia en todos los cumpleaños de mis hijos.  Pizza rellena. Jamón queso y huevo duro. Lo hice bajo su mirada hoy. Y nos salio divina. Tengo su gusto en las comidas o en la sangre.
No es por agrandarme  pero es una  exquisitez.
La hice con ella.
Me fui  feliz, tranquila y satisfecha