viernes, 17 de septiembre de 2010

Bruce & Escarlata

Voy a jugar a ser famosa...
y les cuento de este nuevo proyecto, como si no lo supieran. Me hago publicidad, en este mi espacio, que tampoco conocen, porque ya lo sabemos no soy famosa.
Tengo que hacer esto porque no estuve en Tinelli, ya que ni bailo, ni tengo formas exuberantes, ni me pelee, con Ricardo Fort. No porque yo sea ubicada, sino porque no me conoce. A parte yo a las once ya estoy durmiendo. Empieza muy tarde. Quien te dice y lo logremos...
Pauli, la mentora, la mas loca, con cara de seria. A las patadas o a los abrazos. Depende.
Caro, amiga del alma. Dulce, escribe con el corazón. Un corazón lindo. Las imagenes mas bellas son de ella.
Y yo,  jeje, lo saben. Yo, soy yo. Ni mas ni menos
Vamos a salir cada 28 dias. Somos tres mujeres.
Este primero es LA SOBREMESA...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Un flor amarilla

        La tarta de cebolla y queso es su especialidad. No me importa que se haya encontrado con el mejor chef italiano que vive en el salvador, ni que cocine en el restaurante mas paquete. Sé, que aunque escriba de cocina no dejará de comer esa tarta de manaza y queso,  espolvoreada con azúcar. Aunque no se anime a servírsela  a Roberto. A mi, amiga, me encanta. Me recuerda al Dorado, al depto  de 53 y a la equina de 13 y treintipico.  Donde los muy materialistas,  construyeron un edificio. Yo miro para arriba y me acuerdo de todo, incluso aquel cumpleaños donde siendo cinco personas,  nos morimos de la risa.
      Y lo bueno es que el tiempo no pudo borrar un sólo rasgo, un sólo gesto de tus dedos,. ni  tu andar atropellado, ni tu risa contagiosa.  Ni la distancia. A lo lejos le pongo el sonido a tus palabras y me sigo riendo a carcajadas en cada charla virtual. Y te leo y te veo. Te conozco cada vez.  Lo admito, te querría más cerca, pero no queda otra, así es la vida. Frase de vieja si las hay. Te la digo hoy,  cuando tengo hasta un grano pretencioso. También que te extraño. No se si bien, mal o acostumbrada.  Igual cada vez que las pienso me hacen sonreir.
       Y como siempre que llegan desde su caribe, me lleno de recuerdos, de frases compartidas, de soñar juntas desde lugares tan diferentes. Entonces yo viajo con en tu locura y me subo a cruceros a los que nunca me animé y después la vida o yo, sellaron los destinos.
        Te escucho criticarme por no hacerte mate ( nunca fui ni seré una gran anfitriona), por no traerte juguito y me seguís irritando (con todo el cariño que se puede) cuando salimos de compras. En un frasquito guardo ciertos recuerdos que me garantizan sonrisas. Uno de los que mas disfruto es el que  me recuerda  ese primer encuentro en el aula de la facultad que selló nuestra amistad. Aclaro para el resto. Todo fue común, un aula enorme, miles de alumnos. Encontre una silla, verde, toda escrita. El destino la puso a mi lado. EL resto una pelicula comica. Yo le hablé. Siempre hablo. Y ella es buena, porque me contestó. Digo buena porque si una persona te sigue hablando después que le decís a una completa desconocida que tiene el bozo colorado. Es una señal. De sordera, obvio. Porque nadie, ni siquiera yo, es capaz de entablar un conversión preguntando si se depilo el bozo. Me toqué encima del labio superior para preguntarle si  cursaba con el de bigote. Me dijo, avergonzada que se acaba depilar y le quedo el bigote colorado. Y lo superamos.  
         Y acá estamos...
         Me sigo prometiendo ese vieje con las ganas de siempre. Se los debo y me los debo.
         Y  tu visita, para que veas mi casa, mi vida, mis canarios y mis plantas. Por suerte llegás en primavera, no soy buena en el jardín, pero lo intento. Lucho con las hormigas y me van ganando. Son como las manchas,  invencibles, ya lo hemos hablado. Tampoco creerás que crié canarios pero así es. Soy la de antes. También para que veas a los chicos. Luisina esta enorme y Tomás casi alto como vos.
         Lo que no guardo es el pantalón amarillo. No sé si te acordás, habrá sido en septiembre del 95. Mi primer pantalón amarillo, (el único, nunca estuvo de moda) lo compré con ustedes y lo amé. Lo usé poco menos de dos meses. Quedé embarazada, llegaba Tomás. Entre llantos, en un momento, putee por eso.¿Para qué me había comprado el pantalón? Tenía 22 años.Tenia miedo.
         El día de su nacimiento vos estabas en Cedelú. Mi cumpleaños, y me llegó la felicitación más loca y más hermosa. Bien de vos...
        "Felicitaciones ya podés usar el pantalón amarillo"