Las vacaciones son el deseo a la máxima potencia puesto en 15 o 20 días.
Más allá de la ansiedad y las ganas...pesan. Pesa la organización y el dinero. Y cada ilusión. Todo tiene que salir bien, todo. Pobrecitas, están tan exigidas, que aún siendo geniales quisiéramos más. Al menos un poco más.
Pero el problema no es de ellas, claro que no, el problema es nuestro. Están idealizadas, los paisajes pueden ser fabulosos, pero amigos, los que vamos hacia ellos somos nosotros. Cada uno con su mochila
Será, tal vez, que pretendemos que en esos pocos días podamos mejorar las relaciones de parejas, dialogar con nuestros hijos, que el tiempo este siempre a la temperatura justa, inalterable. Impecable. Como en las propagandas. Son tan pocas, que aún haciéndolo, nos dejan gusto a poco. Pero junto con los bolsos, más llenos de lo que hace falta, vamos cada uno de nosotros. Con ganas y expectativas. Con frustraciones y problemas.
Con las vacaciones que deseamos, las que podemos y las que siempre tuvimos. Y al costado nuestro, al otro lado de la ventanilla, a él le pasa lo mismo. Y dos mas dos no siempre suma par.
Por eso mi recomendación para estas vacaciones es la siguiente
- No esperar tanto
- Descansar mucho
- Disfrutar todo lo posible, sacarle jugo a una piedra
- Entender que no se acaba el mundo si dos días nos llueven (tres ya no digo nada)
- Llevar poca ropa, menos que el año anterior
- Comer mucho, olvidarse de los kilos
- Leer a mas no poder
- Mentalizarse: después de las vacaciones no se termina el mundo
- Planear un fin de semana para mas adelante
- Al regresar no desesperar...vuelve a empezar
Último día en Nono.
Luego de un paseo en bici (10 años después) escapando de la lluvia
