Quiero un libro de quejas, el más grande, el de la vida, el de las cosas que duelen y no se sabe a donde ponerlas. Para llorar, y no saber de explicaciones.
¿ A quién reclamarle? Crezco y crezco y no aprendo, lo que duele me quiebra, me hace un augero en el pecho, me desgarra.
Me duele el corazón, no el que late porque sabe, el del amor y del miedo. El que hace que el mundo, se caiga a tus pies. Y no entiendo. No quiero teorizar las tristezas. Tampoco explicarle a mi alma.
El mismo corazón que guarda los recuerdos más hermosos, que sonríe y a veces se mata a carcajadas.
La pileta apareció de la noche a la mañana, de repente, la noche del cinco de enero, con los Reyes Magos ¿quién sabe a que hora pasaron? Tomaron agua y se comieron todo el pastito. Ni una pajita dejaron. Esa noche, la de reyes, se ve que vinieron con mucho hambre, y sed, el jarro del agua estaba dado vuelta, ni una gota quedaba.
Para mi que no encontraban mi casa y encima con esa pileta ...seguro se les debe haber complicado encontrarla, porque está bastante lejos, en la otra punta dicen y que cuesta bastante llegar, porque hay muchas diagonales y cambian los nombres, por eso, para mis cumpleaños venían pocos compañeritos de la escuela, eso sí, todos los del barrio. Claro a ellos no les costaba nada.
En el fondo de casa, esa mañana del seis de enero había unas pisadas raras, mitad animal, mitad humano, se ve que no son como nosotros y claro... con camellos que vuelan y miles de regalos. ¡Imposible que sean humanos con un trabajo tan diferente!
Siempre nos traían un regalo para cada uno. Esta vez no leyeron la cartita, con mamá siempre la hacíamos y hasta ese momento siempre la habían leído, pero esta vez no. Se ve que nos leyeron la mente, porque nosotros de la pileta ni mu a ellos.
La pileta era una de las grandes, enorme, de las que se entierran en el fondo, color celeste tirando a un azul. Con una escalerita hermosa, de dos escalones.
Deben haber sido muy, muy silenciosos par meter semejante pileta sin hacer ruido.
A la mañana miramos a todos lados y nada.
Se les ocurrió a ellos, a papá y mamá, miren para el patio... y ahí estaba.
¡Qué emoción y qué misterio! Volando la deben haber bajado porque por las puertas no entraba, esos reyes, sí que eran magos.
La felicidad duro toda la mañana, nos metieron a los tres un ratito adentro para que juguemos, no, dijo mamá, todavía no se puede llenar, tenemos que enterrarla.
Por suerte el domingo siguiente vino mi padrino . Mi papá y él se pusieron a hacer el pozo. Creo que no se imaginaban que les iba a llevar tanto trabajo, porque habían cavado bien poco cuando se dieron cuenta que lo iban a necesitar a Vicente y Oscar, unos albañiles amigos. Nosotros no parábamos de preguntarles ¿cuánto falta? Al final ya ni nos contestaban. Creo que debían pensar que los Reyes si eran tan Magos podrían haber enterrado la pileta y todo. No me animé a decirlo en vos alta para que los reyes no lo tomen mal. Después de todo la pileta la habían traído.
Pasaron varios dias hasta que la pileta estuvo bien enterrada en su lugar ¿y lo que tardó en llenarse? siglos, yo apretaba la manguera para que el chorro salga muy rápido y nada, me aburrí de mirarla, mama nos decía que esperemos a levantarnos y ahí recién nos metíamos.
La espera fue interminable, como cuando en la playa había que hacer la digestión, el tiempo parecía no pasar.
A la mañana siguiente el agua estaba helada, se veía el fondo azul, primero entré hasta el primer escalón y cuando ya no sentí el cuerpo, de frío obvio, me zambullí. Estuvimos todo el día, salimos de la pileta cuando mamá nos sacó, decia que empezabamos a ponernos azules.
Desde aquel seis de enero siempre recordábamos el año de la llegada de la pileta y todos nos poníamos a pensar en cómo habrían hecho para traerla, siempre fui de la idea que la pileta era chiquita hasta que la apoyaron en el fondo de casa, recién ahi se agrandó, mi hermano Diego, dijo que trajeron volando y Gabriel,el mayor, siempre lógico, opinaba que no había que buscarle mucha explicacion .
Mamá y papá se quedaban callados y sonreían, parecían disfrutar de la discusion y a ellos no se les ocurría nada, son cosas que nunca se saben, decía papá, y ...son magos comentaba mamá, ellos tienen sus trucos.
No se por qué, pero esa conversación les causaba mucha gracia.
¡Gracias...
eternas gracias a mis viejos que hicieron de mi infancia una etapa de sueños!
eternas gracias a mis viejos que hicieron de mi infancia una etapa de sueños!





