Las casas de las abuelas, en todos los rincones del universo, son mágicas, sus casas esconden fantasía, con sus olores y sus ruidos. Siempre, el paso del tiempo, les regala junto con las arrugas y el par de anteojos carey, una habitación para soñar.
La pieza desocupada de la casa de la abuela China era estratégico, los juegos se desarrollaban en ese espacio. Esos rincones eran nuestros. A veces, cerrábamos la puerta que daba al living y hasta que un tío aparecía, era tierra de nadie, mas bien, la nuestra.
Era una pieza ciega, con una ventana tipo campo, que daba a la cocina. Esta condición la hacia ideal, los grandes siempre se reunían allí. Cuando la ventana se abría de par en par, entrabas de lleno en las conversiones de los adultos.
No siempre era un placer escucharlas, pero no había ni habrá jamás mayor atractivo para los chicos, que la conversión de los grandes. Es regla.
La cocina era donde siempre pasaba todo, a medida que crecíamos una silla nos esperaba, para acceder calladitos al mundo de los adultos.
Pero la que nos ocupa, la nuestra de viejos tiempos, era una habitación con dos camas, cubierta de un acolchado uno en tono de blanco y verde, y el otro parecido. No igual.
Mesa de luz en el medio. Una cunita, ya olvidada, al final de una de las camas y una vieja maquina de coser descansaba sin encontrar ya, utilidad.
Un ropero antiguo, sin cosas importantes, completaba la decoración y el mundo: nuestro.
En esa pieza, los grandes, ya no entraban, a veces la abuela se asomaba y lo único que pedía era que cuidemos sus adornos de cerámica, algún elefantito y otras chucherías.Se hacia la enojada, pero todo lo bajo que podía, para que ningún mayor se hiciera eco del reto. Era mas un ritual que otra cosa.
Era un gran bullicio de chicos, por suerte la aparición en escena de uno de nosotros remplazaba a aquel que ya podía sentarse en la cocina con los grandes. Todos no hubieramos entrado.
En esa pieza, lo principal era la organización. Hacíamos carpitas que nos llevaba casi la totalidad del tiempo del que disponíamos, las reglas del juego era otra de las tareas que ocupaban nuestras mentes. En medio de tantas normas se nos olvidaba el fin. A veces, era tan complejo, que nos aburríamos durante el trámite
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7 comentarios:
Se deshace en ternura tan real que me parece estar en la casa de mi abuela, solo que nosotros eramos ocho...Tierno, placentero. Me encantó!!!!!!!
Como entrabamos los once ahí???? y que manera de divertirnos y de disfrutar de nuestra infancia. Sin mayores conflictos o resolviéndolos nosotros para que los grandes no se enteren. Hace poquito entré, y por un segundo, estabamos todos ahí, niños y felices.Besos
Como entrabamos los once ahí???? y que manera de divertirnos y de disfrutar de nuestra infancia. Sin mayores conflictos o resolviéndolos nosotros para que los grandes no se enteren. Hace poquito entré, y por un segundo, estabamos todos ahí, niños y felices.Besos
Como entrabamos los once ahí???? y que manera de divertirnos y de disfrutar de nuestra infancia. Sin mayores conflictos o resolviéndolos nosotros para que los grandes no se enteren. Hace poquito entré, y por un segundo, estabamos todos ahí, niños y felices.Besos
Perdón que lo envié tantas veces me daba un error
Ja ja, te habias empecinado...que linda nuestra infancia. ¡A veces extraño ese mundo inocente!
Que lindo y tierno Sil. Hermoso como todo lo que escribis.
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