Un día de verano, de enero platense y pegajoso, un día como cualquier otro, un calor en la ciudad que era imposible estar, tratando de no prender siquiera la luz, nada que incrementara el malestar que generaba la temperatura.
Estaba sola en la casa, o al menos sin los chicos, que a los efectos de la rutina diaria hacia que esos días parecieran en cierta medida una bajada de energía que hablaba de la proximidad de las vacaciones. O mis vacaciones.
La ropa que lavaba se acumulaba encima de una estufa que hacia de repisa, y decidí hacer algo productivo...comencé a ordenar los cajones de los chicos entusiasmada con la idea, Como no estaban, la tarea era mas liviana.
Media blanca, mas bien grisacea, sucia para siempre, no sirve, sin pareja. La descarté con orgullo. Tengo la tendencia a guardar para algún otro momento cosas que nunca voy a usar. Una rayada que me recordó a la que estaba en el cajón del nene, abrí, ahí estaba, las junté y cuando las estaba guardando encontré un pañuelo rayado de tela, clásico, dobladito y sin usar....
Lo miré y sonreí con tristeza
-Papi se llevo todos los pañuelos!!
-Qué??
-Eso-como obvio- que se los llevó todos, los pañuelos
A veces una simple frase dice todo, esa frase daba una imagen textual del derrumbe, o lo que transitoriamente resultaba eso. Nuestro derrumbe.
Ella expresó una mezcla de sorpresa y molestia, como si le hubiesen arrancado algo que le era propio, en realidad así era, violentamente le arrancaban sus costumbres. Como siempre mi hijo guardó su tristeza protegiéndome a mi pesar.
Resultó mas fácil decir se llevó los pañuelos que ya no vive en casa, me dolió. Papá ya no vivía allí. Algunos rincones se revelaban vacíos. Sobraba espacio.
Era otro día de verano, de hace unos años atrás. Intenté entrar como si fuera un día cualquiera, yo sabia que no lo era.
Los pañuelos no estaban.
Yo le cambiaba sus costumbres, su papá le modificaba las costumbres y los pañuelos que descansaban imperturbables a la espera de ser usados ya no estaban. Eso convertía en imposible, la posibilidad de ser usados.
Sonreí, miré ese pañuelo limpito, el único que había quedado después de tantos años, lo guardé prolijamente y me alegré que el tiempo hubiese borrado la sensación que sus palabras dejaron ese día en los tres.
Todos nos habíamos vuelto a limpiar la nariz, y los ojos de alguna que otra lágrima, después de eso, pero nunca, nunca volví comprar esos pañuelos que a mi hija le habian arrancado.

1 comentario:
Melancolía...cuántos recuerdos!! Muy lindo amiga!!
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