Ni la edad de Cristo, ni se cumple una década, ni fue un año particularmente especial, ni nada.
Un nuevo año, ni más ni menos
sólo eso, mi nuevo año.
Cambia muy poco, mas bien nada,
hoy me despierto como ayer,
igualita, los mismos pesares, las mismas obligaciones,
llena de proyectos, algunos ambiciosos, otros insignificates,
alguno... imposible de cumplir.
Metas alcanzables parecen gritarme los libros de auto ayuda,
sin tanto preámbulo los que me quieren me dicen: bajá un cambio.
Prometo íntimamente hacerlo, aunque me dejo el lugar para la duda,
cada año refuerzo esas cosas que me hacen ser yo.
Con lo bueno y con lo malo.
No prometo dejar hacer mil planes para el mismo día,
porque casi todo me entusiasma, mi día tendría que ser mucho más largo.
No prometo ver más seguido a todos los que me hacen bien, aunque me propongo intentarlo.
Sólo soy más grande, de cuerpo, de vida, de sueños.
Brindo por muchas pavadas y por cosas importantes, acá cerquita y a la distancia,
a veces con un mate.
Por las voces que veo, que escucho y que leo.
Cruzo los dedos por ustedes y por mí, por que mejoren las cosas para todos,
por la energía con la que me levanto a la mañana,
y el cansancio con el que termino a la noche,
por mi amor de cada día y esos mates que me curan,
por sacar todas las mañanas a los chicos de la cama aunque me caiga de sueño,
por cada conversación telefónica que acorta los desencuentros,
éstos de cada día,
Por este, mi nuevo año y con ustedes,
levanto la copa.

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