No creo que alguien que haya pasado por mi casa en una reunión familiar, no se quede con la idea de que estamos todos locos. Ojo, locos bien. Tal vez hasta piense que la situación está armada para agasajar a la visita. O al menos para divertirlos. Y no. La verdad es que las discusiones ridículas entre mis viejos son permanentes, que mi mamá diga estás desabrigado y mi viejo airado le responda que no esta disfrazado es moneda corriente. Todos hablamos fuerte, todos hablamos arriba del otro para hacernos escuchar y para el resto (yerno y nueras) se transforma en una lucha por la supervivencia del más apto, hay que llevar la sangre del núcleo, para hacerse escuchar. Sino queda la adaptación al medio o el silencio.
Dicen que todos somos graciosos, yo doy fe por el resto, decirlo de mí sería falta de modestia. Desde algún lugar propio y diferenciado, tenemos humor. Mi mamá un humor áspero, con sus apreciaciones arbitrarias, y cierto despotismo. Diego, el menor, con su locura, sus conclusiones terminantes y su carcajada contagiosa. Gabriel, histriónico, contador de vivencias en forma de cuento y esa forma de ridiculizarse que genera risa, que ahora no contento con contarlo, los escribe (¡quién lo para!) y mi papá, para mí por encima de todos, con el solo hecho de hablar, buscándolo o no, genera sonrisas, todo en él me causa gracia. Hablar de mí sería de una pedantería que raya en lo obsceno. Pero me reconozco en el humor y en la capacidad del disfrute.
Somos apasionados para conversar, con muchos temas en los que estamos de acuerdo, pero diferenciandonos con fervor desde el mínimo detalle. Un pequeña diferencia nos hace llegar al debate trascendental.
A veces la vida se complica y la cosa no está para risa, pero la grieta está ahí, permanente a flor de piel para filtrar una sonora carcajada. Ante un vislumbre de optimismo salimos con los tapones de punta a ponerle la risa al día, el debate apasionado, con charlas a los gritos, posicionamientos desmedidos y de fondo el ruido de los chicos. Seis retoños desde dos años a los catorce.
El domingo pasado fue un domingo como tantos, partido de Fútbol, final de estudiantes, todo de culo para el Pincha, un punto abajo y partido en paralelo. Ganar sí o sí y que Argentinos pierda. Se veía complicado. Todos fanáticos de Estudiantes de la Plata, menos mi vieja, obviamente para el detalle de color. Fanática del Lobo, enferma de Gimnasia, y a punto de jugar nuevamente la promoción para zafar del descenso. Segundo año consecutivo. El folclore del fútbol cotidiano con ciertos ribetes propios de la familia, mi vieja siempre siente que la cargamos con gimnasia, aún si no hablamos del tema, ve cruce de miradas, sonrisas burlonas y otras suspicacias que no siempre reflejan la realidad. Yo puse mi granito de arena ( en positivo) permitiendo que mi hijo se haga tripero, del lobo a muerte. Enamorado de la hinchada y virgen de cargadas, feliz de encontrar su identidad tripera. Como pincha que soy, creo que no es poco.
Comida de domingo, pollos a la parrilla hechas por Pototo, mi viejo, y la convicción de que le salen bien a pesar de si mismo, “aplauso para el asador” gritan los nietos que tienen destinados tres patas por cada uno, va a faltar “nene”, sentenció mamá ( apodo de su juventud), que siempre tiene un dato en contra para escupirle el asado. Su humor, obvio.
Mesa larga familiar en el quincho, un pollo riquísimo, y tema planteado: los sueños. A pedido mío mamá contó un sueño loco que me había divertido telefónicamente
Estaba en una cola dejando unas planillas para IOMA (ella odontóloga) y se preguntaba a sí misma que hacía en esa cola, cuestionando su estado pasivo (jubilada hacía unos cuantos años) y con las planillas impresentables con manchones de aceite, avergonzada de presentarlas en ese estado y a sabiendas de que ella ya no trabajaba, consciente, dentro del sueño de lo extraño de la situación, y los típicos encuentros alocados que nos hicieron sonreír a todos. Como siempre dispersa y olvidadiza, la ayudamos a completar frases que se le pasan, nombres que tiene en la punta de la lengua, y que con escasos datos nos pide que reconozcamos. Del tipo de: ese actor tan lindo que trabajo en la pelicula que nos gustó ¿Te acordás? ¿cual ma? Ese, joven, simpático. Imposible. Ahí entró en escena papá, cual niño que quiere mostrar la mejor historia y arrancó con su sueño de la noche anterior.
Yo era soldado, arrancó, terminaba la guerra de Malvinas, estábamos en retirada. Estaba con varios compañeros y al lado mío estaba Dorichelli. (Doricheli un señor que hoy tendría 80, un señor ingeniero de corta estatura)
Sueño prometedor, nuestras carcajadas no se hicieron esperar.
-¿Vos que edad tenias en el sueño? quise saber
-Esta, respondió mi viejo con seguridad. nos estábamos preparando para el discurso de despedida, me acerqué a un armario donde guardábamos nuestras pertenencias y cuando me avivo, Dorichelli tenía en su bolso todas mis cosas. Lo miré caliente como un chivo, con bronca le dije : me afanaste mis cosas.
-¡Dejate de joder Tocho! Ponete en fila, que ya vienen para acá. (desvío del astuto Dorichelli)
En definitiva, continuó mi viejo, mientras lo miraba con bronca nos armamos en fila, todos de frente ya que se preparaba el acto de culminación, derrotados con gloria, nos volvíamos.
Las risas nuestras lo agrandaron a mi viejo, se sintió joven y liviano por una rato, su figura se hizo enorme y para un papá de setenta y dos años esa mirada es halagadora. Sentirse, de nuevo, el superhéroe de los cuentos.
Envalentonado con las risas continúa: mientras esperábamos se hace un murmullo y luego un silencio total. Aparece Cristina (no una amiga ¡la presidenta! ahí en el sueño de mi viejo) toda vestida de negro, me parece verla, diciendo que quería hacer una mención especial para la mejor tropa
- ¿La tuya? preguntó Gabriel llorando de risa.
-¡No! Será tan hija de puta, arrancó a decir que la mejor tropa había sido la otra, señalaba al otro costado y ahí Dorichelli se calentó y la interrumpió.
-¿Como nos dice algo así? Todos somos soldados que nos arriesgamos por nuestro país... y en medio de todos me corro de la fila, distinguiéndome del resto,y lo interrumpí indignado, caliente
-Sos una hija de puta, yegua...yo, yo le hablaba así a ella-mi viejo se avergonzaba de si mismo en el sueño-Pará, pará, me decían y escucho que dicen: "este pelotudo se suicidó, lo van a echar a la mierda, esos comentarios los escuchaba entre los "jóvenes" conscriptos que habían ido a defender la patria. Ahí me desperté, finalizó entre carcajadas mi padre, el soldado de la tercera edad.
La verdad es que el cuento nos hizo morir de risa como hacía rato no me reía en casa, donde últimamente las noticias no vienen siendo las mejores. Unas risas en medio de algunos problemas.
Salimos del quincho con una sonrisa en los labios.
Empezaba el fútbol, fin de campeonato de fútbol, los chicos y algunos grandes con la play, la mujeres lavamos los platos. Cábalas, partidos en paralelo y tres televisores encendidos. La tarde siguió con mate y galletitas. Otro domingo. El pincha perdió. Estudiantes subcampeón.

4 comentarios:
es innegable tauro en tus líneas. Tan simple y luminoso. No hay enrosque ni locura. Al menos a ustedes eso les sale fácil. Pero a nosotros encontrar la metáfora dentro de tanta realidad se nos hace cosa compleja. Y sin embargo enriquecedora. Porq ahí dónde la metáfora no está en los lunares es donde hay que rastrearla. Para mi que vivo absolutamente convencida de todo lo no dicho, algo tan absolutamente convincente es exactamente una sutileza que muy poco tienen el don de compartirla.
Nos vemos por estos mares doña Tocho, que no se corte!
Si querés nos tomamos unos mates (porq yo también estaba algunas veces en el 5to che!!)y charlamos de esto que nos une: la expresión de deseos.
Salud por tus 37 y te voy a decir algo, desde hace años vivo convencida de que a partir de los 38 las cosas empiezan a ser otras.
Te mando un abrazo, y si me enrosque en las palabras no te olvides (jamás) de que como Mirtha legrand yo también soy de Piscis, encima me coincide el ascendete: piscis.
Chau, me fui
No hay enrosque, a mi me encanta la forma en se disparan tus ideas, tus metaforas, me encanta leer y releer...gracias por el comentario, desde ya que nos vemos y siempre recuerdo tus mates y tus pasiones en el 5º piso, esperemos que a partir de ahora arranque todo mejor, gracias Pau, un lujo leerte por acá.
Besos Sil
Me encanto Silvina!Genial.
Hacia mucho que no me reia como el Domingo pasado
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