Regresando de las vacaciones tuve un descubrimiento.
A veces uno hereda cosas maravillosas... ojos pardos, una sonrisa cautivante, facilidad de palabra, y en otras oportunidades....
La verdad, admito que no es artístico, tampoco es de los dones que se utilizan todo el tiempo, no luce, y, definitivamente no es una carta de presentación que sume nada a las virtudes de una persona.
Esa es otra verdad.
Pero bueno, en mi infancia, secretamente , me maravillaba con mi padre. Cabe destacar a esta altura que fue de él de que quien lo heredé.
Veía como toda la familia le entregaba bultos, cajas y bolsas que él de algún mágico modo, hacia encajar como si fuera un complicado rompecabezas. Cada cosa encontraba su espacio justo.
Llevábamos las cosas hasta el garaje y se la dejábamos a sus pies y el no se quejaba. Miraba el paquete, evaluaba el espacio y seguía con su tarea. Cabía la angustiosa duda de no poder volver a poder concretar el milagro. Pero ahí estaba nuevamente haciendo gala de esa asombrosa virtud.
Su devolución era fatídica!!. Al llegar salían y salían cosas...nadie lo reconocía pero todos dudábamos de la posibilidad de volver a realizar esa proeza. Esa incertidumbre formaba parte del familiar proceso.
Todo e incluso mas, entraba nuevamente en el mismo lugar. Era realmente genial. Lo admiraba, en secreto obvio. Insisto no es de las cualidades que a las vistas de todos resulte de las mas renombradas. Pero hoy luego de mirar y mirar descubro que no heredé su habilidad en las matemáticas, ni su piel con lunares, tampoco (todos lo saben) su gracia para contar chistes, fui privilegiada con la rara, pero no despreciable habilidad de lograr que luego de un viaje en donde solo se acumulan todo tipo de bolsos, bolsas y bolsitos, todo vuelva a entrar en un mínimo baúl.
¿No es poco no?
De Regreso

1 comentario:
jfjfjjfjjsjfj
Publicar un comentario