No se si les hablé de su voz, ni de mis miedos, ni de su dolor.
Su voz era desenfadada, fuerte y sin censura.
Apasionada, desafiante, abrigadora,dueña de grandes convicciones con las que no siempre se podía coincidir.
Una grande joven. Escuchaba los Beatles mientras los demás escuchaban tangos.
No se si le hablé de mis miedos, más grandes que mi amor.
Un temor desatado y feroz. A tu angustia, al dolor, a tu desamparo, a la debilidad. La bronca tremenda y toda la injusticia atroz de verte partir. O no verte. Porque mi miedo no me lo permitió.
Seguro que no les hablé, que no dije que escapé. Que fui cobarde. Me daba miedo verte, o lo negué.
Que te tuve conmigo, que recé en silencio. Lo sabías en el alma.
Que me marcó tu presencia, tu relato y tu amor por la lectura.
No se si les conté que la admiraba.
No se si me aleje o te alejaste. De mi presencia, de mi contacto, de mi mirada.
Mi esencia estaba con vos, lo sabíamos.
No creo haber hablado de tu dolor, infinito y valiente. Poderosa en tu tristeza. Dueña de tus miedos, de tus ganas infinitas de vivir. De tu enorme empuje que lograba traspasar tu dolor, al ajeno.
Que no olvidó un día de infundir ánimo a los que dejabas.
Tu eterna enseñanza, tus colecciones de Cortazar, el club del Misterio, de tus sin sentido que defendías con la pasión de tu ser, de tu amor al cine, a la literatura. Como vos, exagerado.
De tus altisonantes opiniones que te llevaste a donde estés.
De tus odios y tus gritos de injusticia.
Y a tu voz, que que me acompañó siempre. La tuve hasta que te fuiste.
De tu risa desfachatada y provocadora.
Del enorme orgullo de oírte hablar de mi.
De haberme sentido en tu vida, especial.
De tu abrazo infinito en mi primer pérdida. Aun hoy siento en mi cuerpo el tuyo.
De esos eternos llamados en que tu voz era tuya. Hasta el final.
No se si me alejé, o me alejaste. O me dejaste alejarme para que no sufra. Te escondiste en un sonido. Y aparecías, enorme, en medio del dolor, aconsejando escuchando y puteando conmigo. Tu risa inconfundible.
Tu voz era infinita, como mi miedo y tu dolor.
A veces en la calle, aun hoy, me doy vuelta sintiendo tu risa, tu voz.
Estuve a punto de cambiarle el nombre. Mínimo pasar a Algunas cosas. También me asustan los diminutivos. También los cambios. Basta de preguntas.
jueves, 18 de febrero de 2010
Mi Jardin
Tengo deudas, tarjeta de crédito, una auto y una casa.
Ya debo ser grande.
Dos hijos.
Un amor.
Dueña de un limonero y una higuera... y un níspero que lo quiero porque es mio, porque en realidad no me gustan ni sus frutos, ni sus hojas que caen todo el tiempo. Ni las abejas que gustan de el.
Lo quiero sacar, pero su tronco es derecho, y la soga de la ropa esta atada ahí. Parece un señor grande y serio, que me reta y me dice que no con la cabeza. Que el hace lo que puede, que el problema es mio. Es formal, me parece que tiene bigotes y la verdad es que estoy dudando. Siempre respeté a los mayores.
Dueña de mi casa y de mi mundo. El real y el imaginario. Desde siempre.
Dueña de todos los defectos que mi casa tiene. Y de su absoluto encanto, de la magia que le encuentro, de las nuevas historias que construimos, de las viejas que también cobijo.
De la primera rosa que floreció, saben los que me conocen, que para mi hablar de flores es un nuevo milagro.
De mi huerto, donde poco es lo que creció y lo que creció se demasdro y se convirtió en maleza.
En rigor a la verdad, en ese huerto, no he podido lograr que nada crezca como se debe.
Saque una ruda con miedo, yo no creo en sus poderes. Pero plante una hembra y un macho así me dijeron los sabios, los que entienden de esas cosas. Hoy crecen fuertes y grandes.
Mi casa es como yo.
No todo lo que tiene esta bueno. Hay cosas por acomodar, muchas, pero otras... fueron, son y serán así. Encariñen se
También hay cosas que extraño, no porque sean fabulosas, ni insuperables, pero fueron mías.
Cuando conocí mi casa, me enamoré del fondo, de lo que proyecté cuando lo vi, no de lo que vi.
Había una parrilla vieja, un antiguo lavatorio de material, un jazmín enorme lleno de flores, malvones en macetas viejas, pasto crecido, yuyos, flores que no supe valorar porque aun no tenia jardín y una parra con exquisitas uvas de las que disfruté un par de años.
Me enamoré de esa parra y me despedi de ella con tristeza.
La parra me huele a historia, a mi abuela China, a Segundo y a Dora, a los que seguro recuerdan, ellos tuvieron parras de hojas enormes que los protegieron del sol para las tardes de mate, con uvas exquisitas.
En mi niñez, en casa también hubo parra, un gajo de la de mi abuelo. Nunca fue buena, no se si la agarró alguna peste, o mi papá no supo podarla, en fin, no fue una parra en serio. En definitiva las uvas no eran ricas y nosotros nos íbamos de vacaciones cuando estaban en su punto justo y al regresar las uvas podridas cubrían el piso. Un asco. Como mi níspero. Nunca disfrutamos de ellas. Las buenas estaban en la casa de los abuelos.
Vida nueva, vientos de cambio. La parra duro poco tiempo, trae bichos me dijeron. Que las ratas.. no combina con lo nuevo. Huele a viejo. Hoy descubro cada tanto un brote que aparece, me lo callo y espero...
Aprendo a dar vuelta las hojas, aprendo a querer lo nuevo. Si vieran mi jardín nuevo, si vieran lo que imagino. Proyecto esta nueva vida, sin prisa, pero sin pausa. Me entrego de lleno a ella. No me olvido lo que era.
Soy la dueña de estos días. Tengo miles de proyectos. Siempre extraño los que dejo. Me aferro a viejos recuerdos, no me ocupan mucho espacio. Prefiero tenerlos conmigo, sacarles fotografías.
Esta casa esta en proyecto, como yo. Esta por cambiar de nuevo, tengo algunos adióses y otros hasta mas tarde.
Los vidrios que me ocultaban hoy revelan cada paso.
Soy dueña de todo eso. A mi, me parece mucho.
Soy dueña del limonero, de la higuera y de un nispero... que lo quiero porque es mio,
martes, 16 de febrero de 2010
Que Herencia!!
Regresando de las vacaciones tuve un descubrimiento.
A veces uno hereda cosas maravillosas... ojos pardos, una sonrisa cautivante, facilidad de palabra, y en otras oportunidades....
La verdad, admito que no es artístico, tampoco es de los dones que se utilizan todo el tiempo, no luce, y, definitivamente no es una carta de presentación que sume nada a las virtudes de una persona.
Esa es otra verdad.
Pero bueno, en mi infancia, secretamente , me maravillaba con mi padre. Cabe destacar a esta altura que fue de él de que quien lo heredé.
Veía como toda la familia le entregaba bultos, cajas y bolsas que él de algún mágico modo, hacia encajar como si fuera un complicado rompecabezas. Cada cosa encontraba su espacio justo.
Llevábamos las cosas hasta el garaje y se la dejábamos a sus pies y el no se quejaba. Miraba el paquete, evaluaba el espacio y seguía con su tarea. Cabía la angustiosa duda de no poder volver a poder concretar el milagro. Pero ahí estaba nuevamente haciendo gala de esa asombrosa virtud.
Su devolución era fatídica!!. Al llegar salían y salían cosas...nadie lo reconocía pero todos dudábamos de la posibilidad de volver a realizar esa proeza. Esa incertidumbre formaba parte del familiar proceso.
Todo e incluso mas, entraba nuevamente en el mismo lugar. Era realmente genial. Lo admiraba, en secreto obvio. Insisto no es de las cualidades que a las vistas de todos resulte de las mas renombradas. Pero hoy luego de mirar y mirar descubro que no heredé su habilidad en las matemáticas, ni su piel con lunares, tampoco (todos lo saben) su gracia para contar chistes, fui privilegiada con la rara, pero no despreciable habilidad de lograr que luego de un viaje en donde solo se acumulan todo tipo de bolsos, bolsas y bolsitos, todo vuelva a entrar en un mínimo baúl.
¿No es poco no?
De Regreso
A veces uno hereda cosas maravillosas... ojos pardos, una sonrisa cautivante, facilidad de palabra, y en otras oportunidades....
La verdad, admito que no es artístico, tampoco es de los dones que se utilizan todo el tiempo, no luce, y, definitivamente no es una carta de presentación que sume nada a las virtudes de una persona.
Esa es otra verdad.
Pero bueno, en mi infancia, secretamente , me maravillaba con mi padre. Cabe destacar a esta altura que fue de él de que quien lo heredé.
Veía como toda la familia le entregaba bultos, cajas y bolsas que él de algún mágico modo, hacia encajar como si fuera un complicado rompecabezas. Cada cosa encontraba su espacio justo.
Llevábamos las cosas hasta el garaje y se la dejábamos a sus pies y el no se quejaba. Miraba el paquete, evaluaba el espacio y seguía con su tarea. Cabía la angustiosa duda de no poder volver a poder concretar el milagro. Pero ahí estaba nuevamente haciendo gala de esa asombrosa virtud.
Su devolución era fatídica!!. Al llegar salían y salían cosas...nadie lo reconocía pero todos dudábamos de la posibilidad de volver a realizar esa proeza. Esa incertidumbre formaba parte del familiar proceso.
Todo e incluso mas, entraba nuevamente en el mismo lugar. Era realmente genial. Lo admiraba, en secreto obvio. Insisto no es de las cualidades que a las vistas de todos resulte de las mas renombradas. Pero hoy luego de mirar y mirar descubro que no heredé su habilidad en las matemáticas, ni su piel con lunares, tampoco (todos lo saben) su gracia para contar chistes, fui privilegiada con la rara, pero no despreciable habilidad de lograr que luego de un viaje en donde solo se acumulan todo tipo de bolsos, bolsas y bolsitos, todo vuelva a entrar en un mínimo baúl.
¿No es poco no?
De Regreso
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

