lunes, 5 de julio de 2010

Menudencias


No sé por qué últimamente me ronda el tema de la convivencia...
Hace aproximadamente  quince años que soy "la señora de la casa" por decirlo de alguna manera.
Últimamente estoy poco. Extraño poder asomarme y ver el verde a través de la ventana. Me encantan las mañanas lentas, perezosas sin nada  urgente para hacer, con mates que arrancan ricos y espumosos y terminan fríos y lavados.
Me gusta la compañía, los amigos, las reuniones y la vida en pareja. Acostarse abrazados después de una cena compartida. Llevo muy bien la convivencia o eso creo.
Puede ser que a los demás les cueste convivir conmigo. No por nada en particular.
Soy una persona simple, fácil en el trato, bien predispuesta, en fin...
Soy desprolija, limpita pero desprolija; desordenada, pero memoriosa.
Impuntual. Acelerada y ansiosa. Pequeños defectos que no hacen al punto.
Soy madre.
Antes de irme de casa, sólo comía lo que estaba destinado a mi persona, casi bordado con mi nombre. Lo mío era mío. Desde que tuve a mi primer hijo aprendí a compartir, a comer sobras, que se entienda, sus sobras. Creo que como todas las madres, también empecé a privilegiar la comida de ellos y terminar un plato cuando algo no les gusta. También a elegir un menú sencillo en un restaurante cuando los chicos tienen que comer.  Entre mis virtudes está también la renuncia, la adaptación ¿queda claro no? Es una concepción que se abre junto con todo lo sagrado que tiene la maternidad.
Aprendí que vivir en familia implica comunidad, ceder la individualidad en aras del grupo
En mi casa de origen siempre hubo una cuestión un poco comunitaria con algunos temas.
Las toallas por ejemplo.
Estas eran usadas por la familia sin distinción. No éramos exquisitos, la usábamos, al que le tocaba le tocaba. Ni la verde ni la rosa, La que sea. Se usaba  y se secaba una vez al sol. Luego volvían al baño. Preparadas para usarse una segunda vez. Entre nosotros, a veces llegaba una tercera.
Me encantaba sacar una nueva del ropero. Pero sabía que primero había que usar esas.
Nada raro, como con el mate, todos chupamos la misma bombilla. No se por qué con las toallas tanto individualismo.
Sé compartir... si no hay un exceso, acepto usar la toalla que antes usó otro, pero me envenena, sí, logra sacarme de quicio que todos usen toallas limpias menos yo.
En esta nueva etapa de mi vida armé un mueble moderno y divino en el baño, marrón, para acomodar algunas toallas limpias y perfumadas. Mullidas, esponjosas y tentadoras.  Están ahí para facilitarles la vida a todos, para que nadie grite: "maaaaaaa una toalla". Nadie nunca más va a pasar frío en mi baño,  porque están ahí a su lado diciendo tómame estoy limpia...
Pero quizá la comparación les va a resultar chocante, excesiva, siento  que es como la libertad y el libertinaje. Para explicarlo más claro "el derecho de uno empieza donde termina el derecho de los demás," en fin la idea es que ninguno se controla, nadie.
Las toallas son sacadas sin pudor del estante,  una tras o otra salen del toallero, que impávido ve que nadie tiene límites. Sin miramientos las sacan, las usan, son pisoteadas en el piso, y luego despreocupadamente las meten en el cesto de la ropa sucia. Sin culpa.
Tato de no enojarme, de no sentirme mal, me digo a mí misma, no es personal, no es contra mí,  pero no lo logro. Me indigno. Y ahí me surgen ideas tales como: También soy  la que aprovecha el último chorrito de shampo o desenredante mezclándolo con agua para no llenar la bañadera con frascos casi vacíos. Ellos díscolos, abren otro, ni se les ocurre usar el jabón cuando se achica, ni enroscar el dentífrico cuando queda todo al fondo, nooo, en fin, para que dar más detalles.
Soy yo la única que ahorro toallas en el afán de enseñar con el ejemplo. Imposible. Lo aguanté durante meses y no hubo caso. Tomé una medida drástica, rígida. Es así, son hijos del rigor.
Me llevaron y ahí está, ahora, el estante sin toallas, vacío, como un símbolo de la falta de solidaridad y de comunitarismo que rige en  mi hogar.
No claudico.

4 comentarios:

valeria dijo...

Quiero hacer causa comun. Me pasa lo mismo.... pero con los vasos...nadie los lava pero todos toman de un vaso limpio!! sos una grande...

Dr Chot-o dijo...

Una causa perdida.Comparto todo, lo de las toallas es así. Bueno vivimos en la misma casa mas de 20 años. Pero hay algo: la toalla nueva no sirve. No se, no seca. Resbala por el cuerpo sin absorber. Solo despues de unos cuantos lavados y pasos por el sol, una toalla se puede sentir toalla.

caro dijo...

Muy bueno lo tuyo Sil !! y adhiero a los dos comentarios previos a este: los vasos que nadie lava y las toallas nuevas son hermosas pero no secan...Podría agregar entre otras tantas: el papel higiénico que nunca nadie cambia!

laura dijo...

jajajajaja.... qué bueno que estuvo el relato: gracioso y tristemente, real.
y con que toallita se secan el pelo? seguro que con alguna que ya fue usada y empapada por alguno de nuestros hijos.

me encantó.besos